El sagrado corazón. Segunda parte

El Rubio sube todo mojado con sus implementos de pesca nocturna
– ¿Pescaste?
– ¡Eh, Alejandro! ¿Quéloquehay?
– ¿Pescaste algo?
– ¡¿Que si no?! Mira como está la tarraya
– ¿Cómo tú puedes dejar colgados los pies en el agua oscura esa, Rubio?
– ¿Qué pasa con eso?
– Un tiburón te arranca el pie y ni lo ves
– Primero lo arranco yo a él ¿Ya te echaste una cervecita?
– Yo no tomo cerveza, hermano
– Pues yo sí me voy a echar unas cuantas
– Dale, dale, métele

(¡Já! me estás mirando, cabroncita. No voy a ir, para que sepas, yo no tengo el deber de mantener buenas relaciones contigo. Ven, que soy el único que falta... Ah, cobarde, vienes con Armandito, pero Armandito juega también en la novena del diablo y se va a ir y a dejarte sola conmigo ¿Qué te parece?)
– Coño mi socio ¿te vas a suicidar? – Armandito es un tipo que cae siempre bien, a pesar de ser el director de la cosa esta
– ¿Por qué?
– Qué haces aquí tirao, compadre
– Disfrutando el clima... (Sí, así, tú siéntate calladita en el muro. Recoge la conchita. Huélela. Bótala porque tiene peste) ¿Qué era Marta, una uña? – le pregunto con sarcasmo (Sí, enséñame la sonrisita, aunque hayas pensado ¡asqueroso!)
– ¿Por qué no preparaste alguna actividad para hoy, Alejandro? – riposta ella
– Porque así es más espontáneo
– La hubieras preparado espontáneamente
– Bueno Marta –tercia Armandito –, quédense conversando ustedes ahí, voy para allá arriba – No, no. Vamos, vamos – dice Marta y se incorpora sacudiéndose las posaderas
(¡Eeeeh! ¿Te vas, maricona?)
– Ven con nosotros Alejandro, tómate una cervecita
– Yo no tomo, Armandito. Horita voy

[Una hora más tarde. Muchos trabajadores se ha ido. Los que quedan, entre ellos Marta, han trasladado la fiesta al salón del aire acondicionado. Alejandro, que ha pasado ese tiempo conversando con Elías y el Pirata mientras desollaban peces, decide por fin integrarse. En el salón hay una mesa con restos de panecitos y huevos duros, las sillas están arrimadas a la pared, algunos bailan, todos toman]
– ¡Ven pa'cá, tú!, ¡Déjate de hacerte el poeta! ¡Tómate un buche y no jodas tanto!
–¡Ay! rubio, no me grites en la oreja, coño – dice la mulatona que lo acompaña
– ¡Ah dale tú pa'llá culo'e goma, que estoy hablando con el poeta!
– ¡Mira éste lo que me dice, Lázara!
–¡Ay niña, dale un culazo pa'que te respete!
– ¡Ja ja ja ja ja!
– ¡Ja ja ja ja ja!
– ¡Ja ja ja ja ja!
(¡Eeeeh! ¿Y tú también te ríes de esas indecencias, Martica? Tienes la naricita roja y Armandito te ha dejado colgada porque no eres su asunto ¿Ves?)
– Marta, tienes la nariz roja
– Claro, qué crees que sucede cuando una toma
– Pero te ves más linda así
– ¿Más?
(Qué vanidosa de mierda eres, pero esa será tu perdición)
–¿Cómo te vas hoy?
– ¿Qué?
– Que cómo te vas hoy
– Normal
– ¿No viene Oscar?
– No
– Te daría miedo que te acompañara
– Yo no le tengo miedo a nada



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