Iliana. Veinte minutos

– Iliana, esa muchacha me gusta
– ¿La bibliotecaria?
– Sí
– A mí también
– ¿Qué es lo que más te gusta de ella?
– El culo
– A mí las pecas. Y que es tímida, cuando te da un libro se pone roja, sólo por darte un libro... ¿vamos a templárnosla?
– ¿Tú y yo?
– Sí ¿vamos?
– Vamos
– ¿Cómo hacemos?
– La invitamos a un bar...
– Ay Iliana, coño, tú siempre con tus bares y tus lumínicos en la cabeza. Templárnosla hoy, ahora… además, al bar iría Chachi
– Bueno, entonces dime tú
– Vamos a esperar a que salga y la acompañamos, hacemos como que vamos en su misma dirección, yo la he visto que sube por G, y cuando vaya por lo oscuro la violamos, y como es tan vergonzosa no se va a atrever a denunciarnos. Además, no le hacemos daño, sólo nos la templamos

Esperamos en el segundo piso. Simulamos revisar la lista de asignaturas opcionales para que la conserje no sospeche al vernos tan tarde en el edificio. Escuchamos una despedida y vemos salir a la muchacha. Bajamos y nos unimos a ella, nos mira y sonríe. Como la calle está oscura no le veo las mejillas, pero seguro está ruborizada. Iliana abre fuego
– ¡Qué tarde te vas a la casa! ¿Vives muy lejos?
– No, en 21 y E
Yo quiero dejar a Iliana desarrollarse, para mí es un tremendo enigma cómo hace ella sus conquistas femeninas
– ¿Y todos los días sola? ¿No te dan miedo los asaltos que hay por aquí?
– Claro, pero no tengo otro camino, siempre voy por el medio de la calle y no miro a los lados
– Yo no me atrevería... ¡Ay… tengo que orinar! No puedo aguantar
(¡Coño! ¿Ahora se te ocurre, loca?)
– ¿Cómo te llamas?
– Yolanda
– Ay, Yolanda ¿Me puedes acompañar un momentico?
– Mira, si quieres vas al baño en mi casa
– ¡No! es que no aguanto más. Ven, voy a meterme detrás de esa mata, ¿me acompañas?
Y me mira. Entonces comprendo su treta. Espero unos segundos y me acerco sigiloso. Iliana está agachada frente a la muchacha, termina de orinar y, levantándose muy pegada a ella, la besa fuerte en la boca. Yolanda emite un sonido de susto, Iliana la toma por la nuca – ¡Qué labios más lindos tienes! – y la sigue besando a la fuerza. Me acerco a ellas, Yolanda me ve y trata de librarse, pero mi amiga la inmoviliza
–No te va a pasar nada – le dice en tono grotescamente maternal – ¡Vamos, bésame! Mientras mi amiga la afinca contra su pecho, yo le bajo el blúmer y le pego el pene a las nalgas. liana le sella la boca frotándola contra su seno. La penetro en vaivén progresivo, tiene el ano contraído
– ¡Dale, cojone, dale! – me apremia Iliana
De un empujón le introduzco todo el pene y siento como se le rompe el ano... o a mí se me rompió el prepucio. Está fría y tiembla como una oveja, sigo empujando
– ¡Dale, dale!
Le inyecto con fuerza el semen, Iliana la deja caer y se mete mi verga manante en la boca. Yolanda se revuelca de dolor en las hojas podridas. Entonces, tras el árbol que nos oculta, escuchamos un siseo. Iliana se para de un salto, se limpia la boca, y me hace salir sin movimientos bruscos, pero aprisa.
Ya en la acera me vuelvo para saber qué pasa con Yolanda, y lo que veo me hiela
– ¡Iliana, mira! ¡Dios mío!
Sobre la bibliotecaria se han lanzado unas sombras como hienas, por el revuelo que se distingue la estarán desnudando a zarpazos, no se oye un grito, una queja, es una escena de rebatiña sorda inverosímil. Iliana se quita los zapatos
– ¡Y tú que vas a hacer!
–¡Vamos, corre!
– ¡Pero...!
Me mira con una conminación inapelable en los ojos
– ¡Alejandro, vámonos de aquí! ¡¡Ahora!!
Y echamos a correr, desesperadamente, huyendo del horror que se desenvuelve allá atrás
– Iliana
– Qué
– ¿Te gusta la bibliotecaria?
– Alejandro, nos quedan veinte minutos y mira todo lo que hay que copiar
– ¿Vamos a templárnosla?
– (Levanta la vista del libro) Alejandro ¡mira la hora, coño!






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